Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

31 de mayo de 2014

Los vecinos

Uno de los aspectos más importantes de mi vida en Estados Unidos -tanto en Miami como en Washington- ha sido la fortuna de tener buenos vecinos.

En Miami estaba mi gran amiga Beatriz, una española que aterrizó unos meses después de que llegué yo y se instaló en el mismo edificio. No sólo fue mi acompañante y mi confidente, sino que también me apoyó en los momentos más complicados de mi periodo en el sur de Estados Unidos. Eso sin contar que, como yo no tenía carro y no podía moverme fácilmente por la ciudad, ella siempre se ofreció a llevarme o me prestaba el suyo.

Acá en Washington también tengo buenos vecinos: Matt, del estado de Washington (al otro lado del país) y su novia, Ada, de Brasil. Ellos se conocieron mientras estudiaban sus maestrías en Londres y decidieron mudarse a Washington para que ella pudiera hacer su doctorado en Georgetown y él pudiera trabajar como editor en una publicación especializada en salud. Curiosamente, a los dos los conocí antes de que llegaran al edificio pues tenemos una muy buena amiga en común de Bogotá, que vino a visitarnos y nos puso en contacto.

Poco después de ese primer encuentro se mudaron y desde entonces nos vemos casi todas las semanas. Con frecuencia me invitan a comer a su casa o vamos a tomar una cerveza tras la jornada de trabajo en nuestro bar de la esquina, Maddy's. A través de ellos también conocí a Daniela, quien fue mi novia en los primeros meses, y he compartido con buena parte de sus amigos, que poco a poco también son los míos. La prueba máxima de nuestra confianza es que ellos tienen las llaves de mi casa y yo, las suyas.

Con Matt y Ada, además, tomo mucho vino. Matt es aficionado al tema y con frecuencia nos invita a todos a su casa a catar vinos de todo el mundo. En otras ocasiones nos invita a comer -le encanta cocinar- y simplemente pone en la mesa unas cuantas botellas aleatorias, como hizo anoche: invitó a un nigeriano, una neozelandesa, una brasileña, un francés y un par de estadounidenses y entre todos comimos, tomamos vino y conversamos de todo.

Es, sin duda, el placer de tener buenos amigos.

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