Uno de los aspectos más importantes de mi vida en Estados Unidos -tanto en Miami como en Washington- ha sido la fortuna de tener buenos vecinos.
En Miami estaba mi gran amiga Beatriz, una española que aterrizó unos meses después de que llegué yo y se instaló en el mismo edificio. No sólo fue mi acompañante y mi confidente, sino que también me apoyó en los momentos más complicados de mi periodo en el sur de Estados Unidos. Eso sin contar que, como yo no tenía carro y no podía moverme fácilmente por la ciudad, ella siempre se ofreció a llevarme o me prestaba el suyo.
Acá en Washington también tengo buenos vecinos: Matt, del estado de Washington (al otro lado del país) y su novia, Ada, de Brasil. Ellos se conocieron mientras estudiaban sus maestrías en Londres y decidieron mudarse a Washington para que ella pudiera hacer su doctorado en Georgetown y él pudiera trabajar como editor en una publicación especializada en salud. Curiosamente, a los dos los conocí antes de que llegaran al edificio pues tenemos una muy buena amiga en común de Bogotá, que vino a visitarnos y nos puso en contacto.
Poco después de ese primer encuentro se mudaron y desde entonces nos vemos casi todas las semanas. Con frecuencia me invitan a comer a su casa o vamos a tomar una cerveza tras la jornada de trabajo en nuestro bar de la esquina, Maddy's. A través de ellos también conocí a Daniela, quien fue mi novia en los primeros meses, y he compartido con buena parte de sus amigos, que poco a poco también son los míos. La prueba máxima de nuestra confianza es que ellos tienen las llaves de mi casa y yo, las suyas.
Con Matt y Ada, además, tomo mucho vino. Matt es aficionado al tema y con frecuencia nos invita a todos a su casa a catar vinos de todo el mundo. En otras ocasiones nos invita a comer -le encanta cocinar- y simplemente pone en la mesa unas cuantas botellas aleatorias, como hizo anoche: invitó a un nigeriano, una neozelandesa, una brasileña, un francés y un par de estadounidenses y entre todos comimos, tomamos vino y conversamos de todo.
Es, sin duda, el placer de tener buenos amigos.
En Miami estaba mi gran amiga Beatriz, una española que aterrizó unos meses después de que llegué yo y se instaló en el mismo edificio. No sólo fue mi acompañante y mi confidente, sino que también me apoyó en los momentos más complicados de mi periodo en el sur de Estados Unidos. Eso sin contar que, como yo no tenía carro y no podía moverme fácilmente por la ciudad, ella siempre se ofreció a llevarme o me prestaba el suyo.
Acá en Washington también tengo buenos vecinos: Matt, del estado de Washington (al otro lado del país) y su novia, Ada, de Brasil. Ellos se conocieron mientras estudiaban sus maestrías en Londres y decidieron mudarse a Washington para que ella pudiera hacer su doctorado en Georgetown y él pudiera trabajar como editor en una publicación especializada en salud. Curiosamente, a los dos los conocí antes de que llegaran al edificio pues tenemos una muy buena amiga en común de Bogotá, que vino a visitarnos y nos puso en contacto.
Poco después de ese primer encuentro se mudaron y desde entonces nos vemos casi todas las semanas. Con frecuencia me invitan a comer a su casa o vamos a tomar una cerveza tras la jornada de trabajo en nuestro bar de la esquina, Maddy's. A través de ellos también conocí a Daniela, quien fue mi novia en los primeros meses, y he compartido con buena parte de sus amigos, que poco a poco también son los míos. La prueba máxima de nuestra confianza es que ellos tienen las llaves de mi casa y yo, las suyas.
Con Matt y Ada, además, tomo mucho vino. Matt es aficionado al tema y con frecuencia nos invita a todos a su casa a catar vinos de todo el mundo. En otras ocasiones nos invita a comer -le encanta cocinar- y simplemente pone en la mesa unas cuantas botellas aleatorias, como hizo anoche: invitó a un nigeriano, una neozelandesa, una brasileña, un francés y un par de estadounidenses y entre todos comimos, tomamos vino y conversamos de todo.
Es, sin duda, el placer de tener buenos amigos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar un comentario en mi blog.