La frase que le
presta el título a esta entrada de mi blog fue pronunciada por mi padre hace
justo tres años, cuando yo todavía estaba en Bogotá y me faltaban apenas unos
días para embarcarme en este viaje que todavía hoy continúa.
Esta semana hace
tres años, cargado de miedos que hoy me parecen infundados, dejé la ciudad en la que crecí y me subí a
ese avión de Air France dispuesto a validar ese mensaje paterno que hasta hoy
llevo grabado en la mente: "It's time for you to spread your wings", "es hora de que despliegues tus alas".
Un año más tarde,
el 23 de septiembre de 2010, se volvió a
repetir la escena pero ya no en Bogotá sino en Alemania. Mi papá estaba conmigo
y también estaban mis miedos, mis maletas y mis alas. El siguiente destino era
Polonia. El siguiente destino era uno de los años más felices de mi vida (lean acá mi entrada sobre la llegada a Wroclaw).
| Berat, Albania, con mis fieles compañeros de viaje |
También el 23 de
septiembre de 2011 desplegué mis alas. También estaba mi papá a mi lado.
También viajaba a un destino desconocido. También empezaba una nueva vida, esta
vez lejos de Europa (acá pueden ver mis primeras impresiones en Estados Unidos).
Ha pasado un año
desde que llegué a Miami, dos desde que llegué a Wroclaw, tres desde que dejé
Bogotá y me asenté en Alemania. Han sido tres años que me han cambiado la vida
por completo: es el viaje como experiencia reveladora.
Cuando pienso hoy en
todo lo que ha pasado en esos tres años desde que, timorato, desplegué mis alas,
sólo encuentro un popurrí extraño y desordenado de viajes, de amigos, de
experiencias, de descubrimientos, de idiomas, de amores fallidos, de amores
realizados.
Perdí la cuenta de
cuántas ciudades he visitado, cuántas veces he viajado en tren o en avión, con
cuántas nacionalidades me he topado, cuántos tipos de mujeres bellas he visto, cuántas veces me he asombrado por lo que
veo y por lo que me falta por ver.
Sobre todo esto
último: lo que me falta por ver.
Porque cuando
comenzó esta aventura hace tres años, mi mundo era más pequeño. Mis límites parecían claramente establecidos y
nada aseguraba lo que estaba por venir. Pero hoy, después de haber viajado
desde Bakú a Belgrado, desde Asuán a Alejandría, desde Brasov hasta Berat, todo
es distinto: es el viaje como experiencia transformadora.
Han pasado tres años desde que desplegué las alas por primera vez y no tengo intenciones de dejar de hacerlo. Curiosamente, cuando pienso en la razón, cuando trato de entender por qué me interesa tanto lo que ocurre en el mundo, sólo se me viene a la mente una palabra en alemán, una de esas palabras hermosas que no tienen traducción literal: Fernweh, una nostalgia por los lugares lejanos en los que uno nunca ha estado.

No, no me pareció interesante ni divertido ni aburrido ni malo... las opciones que da este blog son muy limitadas. He de decir, eso sí, que ¡me encantó! Hermoso verbo: to crave. Gracias, de nuevo y como siempre, por compartir.
ResponderEliminarGracias, Natha. No sé cómo cambiarle esas opciones pero bueno, para eso existen los comentarios :)
ResponderEliminarGracias por lo que dices. Ya lentamente vuelvo a escribir y a tener la práctica que me gusta. ¿Ya abriste el tuyo?