Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

24 de septiembre de 2012

"Es hora de que despliegues tus alas"



La frase que le presta el título a esta entrada de mi blog fue pronunciada por mi padre hace justo tres años, cuando yo todavía estaba en Bogotá y me faltaban apenas unos días para embarcarme en este viaje que todavía hoy continúa.

Esta semana hace tres años, cargado de miedos que hoy me parecen infundados, dejé la ciudad en la que crecí y me subí a ese avión de Air France dispuesto a validar ese mensaje paterno que hasta hoy llevo grabado en la mente: "It's time for you to spread your wings", "es hora de que despliegues tus alas".

Un año más tarde, el 23 de septiembre de 2010, se volvió a repetir la escena pero ya no en Bogotá sino en Alemania. Mi papá estaba conmigo y también estaban mis miedos, mis maletas y mis alas. El siguiente destino era Polonia. El siguiente destino era uno de los años más felices de mi vida (lean acá mi entrada sobre la llegada a Wroclaw).


Berat, Albania, con mis fieles compañeros de viaje
También el 23 de septiembre de 2011 desplegué mis alas. También estaba mi papá a mi lado. También viajaba a un destino desconocido. También empezaba una nueva vida, esta vez lejos de Europa (acá pueden ver mis primeras impresiones en Estados Unidos).

Ha pasado un año desde que llegué a Miami, dos desde que llegué a Wroclaw, tres desde que dejé Bogotá y me asenté en Alemania. Han sido tres años que me han cambiado la vida por completo: es el viaje como experiencia reveladora. 

Cuando pienso hoy en todo lo que ha pasado en esos tres años desde que, timorato, desplegué mis alas, sólo encuentro un popurrí extraño y desordenado de viajes, de amigos, de experiencias, de descubrimientos, de idiomas, de amores fallidos, de amores realizados.

Perdí la cuenta de cuántas ciudades he visitado, cuántas veces he viajado en tren o en avión, con cuántas nacionalidades me he topado, cuántos tipos de mujeres bellas he visto, cuántas veces me he asombrado por lo que veo y por lo que me falta por ver.

Sobre todo esto último: lo que me falta por ver.

Porque cuando comenzó esta aventura hace tres años, mi mundo era más pequeño. Mis límites parecían claramente establecidos y nada aseguraba lo que estaba por venir. Pero hoy, después de haber viajado desde Bakú a Belgrado, desde Asuán a Alejandría, desde Brasov hasta Berat, todo es distinto: es el viaje como experiencia transformadora.

Han pasado tres años desde que desplegué las alas por primera vez y no tengo intenciones de dejar de hacerlo. Curiosamente, cuando pienso en la razón, cuando trato de entender por qué me interesa tanto lo que ocurre en el mundo, sólo se me viene a la mente una palabra en alemán, una de esas palabras hermosas que no tienen traducción literal: Fernweh, una nostalgia por los lugares lejanos en los que uno nunca ha estado.


 ¿Alguna vez pensé que vería algo así, en Luxor?

2 comentarios:

  1. No, no me pareció interesante ni divertido ni aburrido ni malo... las opciones que da este blog son muy limitadas. He de decir, eso sí, que ¡me encantó! Hermoso verbo: to crave. Gracias, de nuevo y como siempre, por compartir.

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  2. Gracias, Natha. No sé cómo cambiarle esas opciones pero bueno, para eso existen los comentarios :)

    Gracias por lo que dices. Ya lentamente vuelvo a escribir y a tener la práctica que me gusta. ¿Ya abriste el tuyo?

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