Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

6 de noviembre de 2010

Mi vida en polaco

Todavía no entiendo muy bien por qué siempre quise, incluso cuando estaba en Colombia, vivir algún día en un país en el que todo me fuera extraño, hasta el idioma. Un país en el que me tocara aprender a la fuerza hasta las cosas más básicas. Un país ajeno y desconocido, que me permitiera conocerme a mí mismo en situaciones adversas. Ese momento llegó hace un poco más de un mes cuando empecé a vivir mi “aventura polaca”. Y sí: ha sido una aventura en todo el sentido de la palabra.

Aunque no son pocos los que hablan algo de inglés o alemán en Wroclaw, yo he intentado casi siempre comunicarme primero en polaco, a las patadas, y luego, si no funciona, en otro idioma. Por lo menos así pierdo la vergüenza, aunque en términos prácticos es una estrategia poco efectiva. En este mes he tenido sólo un par de satisfacciones lingüísticas, en las que logro comunicar mi mensaje sin una palabra de inglés o alemán, en contraste con la lista interminable de ejemplos en los que debo usar pies y manos para hacerme entender, en un proceso que a veces dura horas enteras (no estoy exagerando: duré cuatro horas un miércoles imprimiendo una carta y enviándola luego en la oficina de correos. Todo porque me demoré una eternidad buscando las palabras correctas para lo que quería hacer).

Cuando reflexiono sobre esas experiencias, me resulta irónico que la frase que mejor me sale, esa que siempre pronuncio con orgullo, es: Przepraszam, czy Pani mówi po angielsku? (Perdone, señora, ¿usted habla inglés?). La respuesta casi siempre es afirmativa, aunque no han sido pocos los ejemplos en los que la susodicha responde que ella no habla inglés, pero que por mi frase difiere que yo sí hablo polaco.

Es entonces cuando debo recurrir a todos los métodos imaginables para hacerme entender. Entre mis pocas satisfacciones han estado, por ejemplo, pedir un taxi en polaco sin entender qué me dice la persona al otro lado del auricular (¡y el taxi llega!), decirle luego a ese mismo taxi a dónde me tiene que llevar y llegar sano y salvo a la casa. Otro ejemplo exitoso ocurrió cuando logré convencer a un vendedor de tarjetas de teléfono, obviamente en polaco, de que me ayudara a recargar el celular. Lo cierto es que lo conseguí y desde entonces he vuelto al almacén unas dos o tres veces. Ya conozco al vendedor, él se niega a hablarme en inglés porque sabe que ya sé algo de polaco y hasta me ayuda a corregir mis errores. En estos asuntos he podido comprobar que hasta los polacos más serios aprecian que un extranjero intente hablar su idioma, uno de los más difíciles del mundo.

Todos estos casos cotidianos me gustan y los veo como una experiencia positiva. Me agrada tener que ser creativo para hacerme entender, me fascina tener que buscar con antelación las palabras más básicas en el diccionario para no llegar tan perdido. Me gusta, en pocas palabras, aprender el idioma mientras lo uso. Pero también es una lucha, y hay días en que el fracaso de no poder comunicarme como quisiera es una carga que me pesa y que me agota.

Un ejemplo ocurrió la semana pasada. Regresaba de Cracovia en tren y el cobrador, que hablaba únicamente polaco y ruso, me explicó de alguna manera que mis tiquetes eran inválidos y que tendría que pagar una multa. ¿Cómo iba a explicarle yo que el error era de la vendedora de los tiquetes en la estación y no mío? ¿Que yo había hecho todo bien? ¿Qué palabras iba a utilizar para decirle que yo no estaba tratando de hacer trampa? Finalmente no hubo poder humano para convencerlo: terminé pagando la tarifa más alta por el viaje, más la multa por no tener tiquete válido, más los tiquetes inválidos que ya había pagado. Y me bajé cansado y con rabia, pero también, muy en el fondo, con la sensación de que así, por más doloroso que sea, también estoy aprendiendo.

Coda: les dejo una cita que encontré esta semana y que resume casi perfectamente lo que acabo de escribir. El autor es el francés Georges Duhamel:

“¿Dices que quieres escribir buenas novelas? Hazme caso entonces y embárcate en algún puerto. Recorre el mundo ganándote el sustento con modestas ocupaciones, y soporta la pobreza. No te apresures a tomar la pluma. Sométete al dolor y al sufrimiento. Aprende con las miles de personas que encuentres a tu paso. Y cuando te doy estos consejos, quiero decir que jamás trates de esquivar la angustia que te ocasionen los demás o las adversidades que tengas que experimentar para hacerlos felices. (...) ¿Quieres escribir buenas novelas? ¡Óyeme bien, entonces! Antes que nada, trata de olvidar ese deseo. Emprende un viaje sin pensar en un rumbo fijo. Agudiza la vista, el oído, el olfato y el apetito. Espera con el corazón abierto.”

3 comentarios:

  1. ¡Ánimo!

    Y lo que cuentas de los controladores de trenes, me recordó una situación muy incómoda en Polonia hace un tiempo. Imagínate que yo siempre llegaba a Polonia desde Berlín (Me salía más barato el avión desde Colombia que llegar directamente a Varsovia. Además, el desplazamiento de Varsovia a Poznan es más largo que desde Berlín).

    La última vez, con Mario y su hermano que nos acompañó, tomamos un tres de Berlín a Poznan. Compramos los tiquetes, como nos lo indicó la vendedora, y en el tren, ya en el territorio de Polonia, el controlador nos quería pegar la multa igual por tener, supuestamente, tiquetes malos. Lo raro de la situación era que él me hizo salir del vagón y no quería hablar de esto delante de los muchachos, lo que significa que quería plata ;( Yo no quise pagar nada, convencida que mis tiquetes estaban bien, y entonces este señor me exigió prácticamente que nos bajáramos del tren en pleno campo, a unos 20 km de Poznan, cosa que no hicimos. Él, con mucha rabia, de no lograr nada, finalmente desistió. La situación me pareció absolutamente vergonzosa. Mario, lógicamente, se dio cuenta que algo estaba pasando, porque no es normal que te hagan salir del vagón y peleen contigo en el pasillo ;(

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  2. Jeje, te la regalo. Pero bueh, conociendo tus habilidades lingüísticas y lo que te encanta chamuyar hasta en idiomas que no entendés... no tengo dudas de que en un par de meses más no habrá inpector que pueda con vos.
    Eso sí, que bien te vendría tener tu propio Thomas en estos momentos :P
    Saludos

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  3. Me gusta mucho ese reto que te propones: conocerte a través de tus reacciones ante la adversidad. Así, has conocido a un Thomas paciente, a uno creativo, a uno que es mejor relacionándose con la gente que lo que fue en Bogotá. Te felicito.

    Gracias por la coda... los que somos escritores (o 'wannabe') tenemos que aprender mucho de ella.

    Saludos,
    Isidra

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