Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

19 de mayo de 2014

Investigando los Balcanes

La Haya
Una de las costumbres que menos me gusta de mi vida en Washington es que lo primero que hago al levantarme, todavía con un ojo cerrado, es tomar el celular y revisar las noticias y los correos. Aunque sé que es importante para mi trabajo, no lo disfruto porque siempre pienso que me estoy volviendo demasiado dependiente del teléfono y más de una vez termino despertándome de afán o angustiado.

De cualquier modo, cuando hoy agarré mi iPhone, la primera noticia que vi fue una que quizás a ustedes no les diga mucho, pero para mí es relevante: el juicio del militar serbobosnio Ratko Mladic en La Haya. Para los que no lo conocen, Mladic ha sido acusado en un tribunal de guerra en Holanda por crímenes contra la humanidad y genocidio, por su participación en la guerra de los Balcanes.

Yo conozco su historia relativamente bien porque fui coautor de un libro sobre el tribunal y tuve que estudiar su caso a profundidad. También publiqué un artículo bastante grande en la edición dominical de El Tiempo cuando lo capturaron -del cual solo tengo copia impresa en Bogotá- y otro más en la revista Credencial. Disfruté mucho al escribirlos porque sentía que lo estaba haciendo con conocimiento profundo de la situación.

Hoy, cuando abrí uno de mis ojos y medio dormido leí sobre su juicio, me acordé con gusto de mi visita en 2011 a La Haya y a la experiencia que tuve entrevistando a los encargados del tribunal para el libro y cubriendo uno de los juicios más importantes (no el de Mladic, sino el de el general croata Ante Gotovina, sobre el que también escribí para El Tiempo).

Fue una experiencia muy especial no sólo porque disfruté como pocas veces todo el proceso de investigación de mi libro, sino también porque me sentí en el lugar de la noticia (un lugar en el que, hasta entonces, pocas veces había estado: no dejo de recordar que me fui de Egipto una semana antes de su revolución y entré a trabajar en Semana menos de una semana después de que liberaron a Íngrid Betancourt).

Estar en La Haya cubriendo ese juicio, rodeado de periodistas experimentados, en un lugar de tanto simbolismo y para un proyecto personal tan significativo fue, sin duda, una de las experiencias más importantes que tuve en mis dos años en Europa.

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