Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

4 de junio de 2010

Aeropuertos y demás...

Son las cinco de la mañana y estoy en el aeropuerto Sheremetyevo de Moscú. Les escribo entre bostezo y bostezo, en parte para pasar el tiempo, en parte para no quedarme dormido. En la capital rusa, el sol apenas empieza a salir y parece un día nublado.

Alrededor mío, lo mismo de siempre. Lo típico en todos los aeropuertos: paredes limpias, impersonales; las baldosas relucientes del piso, las pantallas de televisión que rotan de manera monótona los próximos destinos, los viajeros con todas sus particularidades. La mayoría duerme, deambula por las instalaciones o fuma en las áreas destinadas para tal efecto. Podría ser cualquier aeropuerto del mundo, y sin embargo, no lo es. No les puedo explicar bien por qué, pero no se ven iguales las baldosas, las paredes, ni los viajeros cuando uno está –por ejemplo- en el aeropuerto de Santa Marta, a cuando uno sabe que está en una imponente ciudad como Moscú. Es como una poderosa sensación de descubrimiento. Como una nueva frontera que alcanzo.

El único problema es que estoy acá encerrado. Por disposición de las amabilísimas autoridades rusas, no puedo moverme de la zona de inmigración en las próximas horas. Ni siquiera mi todopoderoso pasaporte británico, ese librito rojo que me ha permitido viajar libremente sin tener que soportar la tediosa burocracia migratoria de casi todos los países, me da una mano en esta situación. Es irónico este mundo de las visas, de los pasaportes, ¿no creen? Si mi padre no hubiera nacido en el Reino Unido sino –digamos- en Caracas, yo no estaría describiendo la monotonía del aeropuerto ni sus paredes peladas, sino que estaría tomando fotos en la Plaza Roja mientras le agradezco a Hugo Chávez por sus abrazos interesados con Vladimir Putin, por sus coqueteos políticos con Dimitri Medvedev, por esa flota rusa que a veces se parquea desafiante en las aguas del Caribe. Así somos.

Pienso en esto cuando todavía me quedan cuatro horas para volar de nuevo. Cuatro horas de sueño y aburrimiento en Sheremetyevo, que como única atracción particular tiene, como era de esperarse, los avisos en alfabeto cirílico. Esto me permite dedicar parte de la espera a descifrar lo que dicen. Es un pasatiempo entretenido.

Simultáneamente me doy cuenta de otra cosa: aunque impersonales y aburridos, los aeropuertos también tienen su magia. Me apasiona pensar que son como centros de encuentro de todo el mundo. Que son mi punto de partida para otra aventura más. Suena fácil: simplemente digito los números de mi tarjeta de crédito en una página de internet, llego al aeropuerto con mi antes-todopoderoso librito rojo y como por arte de magia, en un abrir y cerrar de ojos, aparezco al otro lado del planeta. Ayer estuve en Leipzig y en Berlín. Hace nada en Colombia y en Turquía. Ahora estoy en Moscú. Y en unas horas llegaré a Bakú, a orillas del Mar Caspio, desde donde espero –por lo menos- encontrar más historias para contarles que las simples paredes peladas de su aeropuerto.

3 comentarios:

  1. Los aereopuertos son la puerta a lo desconocido...

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  2. “Un no lugar es lo contrario de un lugar, un espacio en el que quien lo atraviesa no puede interpretar nada ni sobre su propia identidad (sobre su relación consigo mismo), ni sobre sus relaciones con los demás, o más generalmente, sobre las relaciones entre unos y otros, ni a fortiori, sobre su historia común. Es lo contrario, en suma, de la pequeña aldea que se levanta en medio del campo y cuyo campanario que apunta hacia el cielo azul ocupa nuestros ensueños y alguno de nuestros afiches electorales. Por supuesto, el no lugar es una cuestión de mirada, y bien cabe imaginar que se elaboran lugares abrigada intimidad más o menos furtiva o fugazmente detrás de los mostradores de un aeropuerto o en la tiendita polivalente de una estación de servicio de carretera. De todas formas, los componentes principales del paisaje periurbano actual actual, destinan sin embargo al individuo a la soledad y al anonimato, en la medida misma en que ese “paisaje” se descalifica, perdido entre un pasado sin rastros y un futuro sin forma” (M. Augé)

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  3. Juan, gracias por la cita de Auge. Muy precisa...luego me das el dato exacto de donde lo sacaste.

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