Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

10 de junio de 2010

La peor noche de mi vida

Les pido que, por un momento, se pongan en mi lugar: es viernes en la noche, tipo once y media, y llevo más de 24 horas sin dormir. Después de mi madrugada en vela en el aeropuerto de Moscú y un día entero recorriendo el centro histórico de Bakú, en lo único en que pienso es en una cama. Una cama, por favor.

Todo funciona a la perfección hasta que me subo a un bus que me aleja cada vez más de la preciosa capital de Azerbaiyán. Estoy acompañado por un serbio, un polaco, dos azeríes y un venezolano –todos miembros de la misma organización que me trajo a Azerbaiyán-, ya casi es sábado y nos bajamos del bus en una zona donde únicamente hay edificios soviéticos que están en pie de milagro. Las calles no están pavimentadas, hay basura por doquier y no hay nadie a la vista. Empiezo a entender lo que me espera: Dormiré esa noche, por primera vez en mi vida, en una casa abandonada.

Cuando digo abandonada, no estoy exagerando: las ventanas están destruidas y solo algunas están cubiertas con un plástico ahuecado; el piso está lleno de polvo y hay insectos que se mueven sigilosamente por las paredes, cubiertas con un papel tapiz descolorido y con fotos amarillentas de una familia que ahora, seguramente, estará en otro lugar del mundo; los armarios tienen la ropa de esa familia, corroída por el tiempo y por el desuso; el baño no tiene luz ni ventana y el inodoro no funciona; y lo peor de todo es que la tina está inundada y las llaves en la cocina no cierran, así que hay agua corriendo sin cesar y una desesperante nube de mosquitos volando por el apartamento.

Me corresponde una habitación al final de la casa, no muy lejos del baño inundado, y dormiré con el serbio en dos camas sencillas que, a decir por el polvo, no han sido limpiadas en años. El olor es penetrante, uno de esos que inmediatamente generan más de un estornudo. Es imposible descansar la cabeza en la almohada. El clima es pegajoso, caliente, y el serbio y yo sólo tenemos dos alternativas: dormir con la ventana cerrada –y morir del calor y en medio del polvo denso y asfixiante-, o abrir la ventana y dormir con la nube de mosquitos. Optamos por la segunda, lo que me obliga a acostarme completamente vestido y a prepararme para una noche en vela, en la que tendré una pelea a muerte con mis enemigos, esos que revolotean sin cesar a mi alrededor.

Esta noche que describo ocurrió hace casi una semana. Ya he podido descansar desde entonces y, de hecho, les estoy escribiendo desde el cuarto de un hotel cinco estrellas en el norte de Azerbaiyán, cerca de la frontera con la república rusa de Daguestán. Es todo lo contrario a mi aventura inicial en Bakú. Acá puedo bañarme, la cama es limpia, el cuarto es organizado, y gracias a Dios no hay mosquitos.

Pero esa noche terrible no me deja tranquilo. Por alguna razón no puedo dejar de pensar en que todavía me quedan dos dormidas en Bakú cuando regrese de Oguz, donde me encuentro actualmente, ni puedo quitarme de la cabeza que los organizadores del evento vuelvan a tener la idea de alojarme en ese edificio derelicto. Me espanta la idea de esas horas eternas tratando de conciliar el sueño en vano. Me aterra tener que subir esas escaleras oscuras hasta el apartamento y tener que acostarme otra vez en la cobija empolvada. Me horroriza imaginarme peleando con una horda enfurecida de mosquitos, o aguantarme una visita al baño por asco, o el sonido del agua que corre, y corre, y corre…

A decir verdad, si vuelvo a terminar en ese lugar, sólo hay una cosa que me ‘alegra’: será una noche tan terrible, que estoy seguro de que tendré -por lo menos- un motivo más para volverles a escribir.

1 comentario:

  1. Todo un explorador Tommy! Uno aprende mucho saliéndose de su zona de confort! y que nota que por estos medios podamos ir siguiéndole el rastro a tu aprendizaje

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