Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

3 de diciembre de 2012

El viaje y la pérdida

Ponqué, chocolate y cerveza de Alemania

La rutina tiene un poder insuperable para enceguecernos. Desde que llegué a esta ciudad paso casi todas las semanas por la misma calle comercial y nunca me había dado cuenta del que se acaba de convertir en uno de mis lugares favoritos: un supermercado gourmet europeo.

Entré al Epicure en busca de algo específico, tras encontrar la dirección en internet, y salí con todo tipo de delicias (y sin una buena tajada de mi salario). Compré chocolate alemán de mazapán, Stollen navideño con naranjas, mostaza inglesa, un té que hasta la fecha sólo había consumido en Reino Unido y una salsa cuyo olor y sabor me transportan inmediatamente a los pubs ingleses. Salí feliz.

Pero también salí con unas preguntas que han estado dando vueltas en mi cabeza desde hace meses.

 ¿Por qué siento tanta nostalgia por lo que pasa en Europa? ¿Qué es lo que tiene ese continente? Y, sobre todo, ¿será que estoy exagerando? ¿Qué tal que mi destino final no sea Europa, como siempre he soñado?

Honestamente, no tengo respuestas definitivas para todos esos interrogantes. Por el momento sé que mi presente está lejos de Europa y quiero aprovechar esta lejanía al máximo. Pero tampoco dejo de pensar en lo que está al otro lado del mar, y hasta el momento tengo apenas dos razones para explicarlo.

Mis chocolates preferidos
La primera es que sólo puedo juzgar por la experiencia. Y mi experiencia indica que mis años más felices e importantes han estado vinculados con Europa.  Y no me refiero sólo a mi temporada reciente en Alemania y Polonia, sino también a mi etapa escolar anterior que estuvo estrechamente relacionada con ese continente.

Eso sin contar mi vida familiar: mi padre es inglés y aunque muchos se rían cuando lo digo, yo me siento inglés como él. Colombiano, por supuesto. Pero también inglés. Y supongo que algo alemán, aunque la sangre no lo muestre.

Lo que representa Europa me fascina, más allá de que también tenga sus manchas y ahora viva una etapa de incertidumbre. Me atrae que sea un continente pequeño con una variedad increíble de culturas e idiomas. Me gusta su orden. Y me encanta su peso histórico. Basta recorrer unas cuantas horas en tren (sí, eso también me agrada) para entrar a un territorio totalmente diferente. Pasar de Alemania a República Checa, de ahí a Hungría y luego a Rumania es como estar en cuatro mundos distintos. Cuatro idiomas, cuatro modos de vida, cuatro historias.

La segunda razón es un poco más compleja y se refiere a la experiencia misma de viajar, que es una elección de vida que tomé hace unos años: yo quiero conocer el mundo y quiero conocerme a través de mis viajes (y escribir). Y en ese sentido he empezado a entender que el viaje, por definición, implica una pérdida. Cada cruce de fronteras implica dejar atrás algo que lo transformó a uno de una o mil formas, y abrirse paso en algo desconocido.

En ese sentido, mi nostalgia europea no es más que la expresión de una pérdida grande. Y esa pérdida se exacerba con las experiencias más imprevistas.

Como con la comida en ciertos mercados gourmet…

4 comentarios:

  1. I liked this post a lot, Thomas!
    "En ese sentido, mi nostalgia europea no es más que la expresión de una pérdida grande.
    Y esa pérdida se exacerba con las experiencias más imprevistas."

    This was my favorite part. I understand it so well!

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    1. Thanks, my dear! I know you're also nostalgic about what we left behind. One day we'll be back!

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  2. p.s. I was just thinking about this during my drive to work today.

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