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| Ponqué, chocolate y cerveza de Alemania |
La rutina tiene un
poder insuperable para enceguecernos. Desde que llegué a esta ciudad paso casi
todas las semanas por la misma calle comercial y nunca me había dado cuenta del
que se acaba de convertir en uno de mis lugares favoritos: un supermercado
gourmet europeo.
Entré al Epicure en
busca de algo específico, tras encontrar la dirección en internet, y salí con
todo tipo de delicias (y sin una buena tajada de mi salario). Compré chocolate alemán de mazapán, Stollen navideño con naranjas, mostaza inglesa, un té que
hasta la fecha sólo había consumido en Reino Unido y una salsa cuyo olor y
sabor me transportan inmediatamente a los pubs ingleses. Salí feliz.
Pero también salí
con unas preguntas que han estado dando vueltas en mi cabeza desde hace meses.
¿Por qué
siento tanta nostalgia por lo que pasa en Europa? ¿Qué es lo que tiene ese
continente? Y, sobre todo, ¿será que estoy exagerando? ¿Qué tal que mi destino final
no sea Europa, como siempre he soñado?
Honestamente, no
tengo respuestas definitivas para todos esos interrogantes. Por el momento sé
que mi presente está lejos de Europa y quiero aprovechar esta lejanía al máximo.
Pero tampoco dejo de pensar en lo que está al otro lado del mar, y hasta el
momento tengo apenas dos razones para explicarlo.
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| Mis chocolates preferidos |
La primera es que
sólo puedo juzgar por la experiencia. Y mi experiencia indica que mis años más
felices e importantes han estado vinculados con Europa. Y no me refiero sólo a mi temporada reciente
en Alemania y Polonia, sino también a mi etapa escolar anterior que estuvo
estrechamente relacionada con ese continente.
Eso sin contar mi vida familiar: mi padre es inglés y
aunque muchos se rían cuando lo digo, yo me siento inglés como él. Colombiano,
por supuesto. Pero también inglés. Y supongo que algo alemán, aunque la sangre
no lo muestre.
Lo que representa
Europa me fascina, más allá de que también tenga sus manchas y ahora viva una
etapa de incertidumbre. Me atrae que sea un continente pequeño con una
variedad increíble de culturas e idiomas. Me gusta su orden. Y me encanta su peso histórico. Basta
recorrer unas cuantas horas en tren (sí, eso también me agrada) para entrar a un
territorio totalmente diferente. Pasar
de Alemania a República Checa, de ahí a Hungría y luego a Rumania es como estar
en cuatro mundos distintos. Cuatro idiomas, cuatro modos de vida, cuatro
historias.
La segunda razón es
un poco más compleja y se refiere a la experiencia misma de viajar, que es una
elección de vida que tomé hace unos años: yo quiero conocer el mundo y quiero
conocerme a través de mis viajes (y escribir). Y en ese sentido he empezado a
entender que el viaje, por definición, implica una pérdida. Cada cruce de
fronteras implica dejar atrás algo que lo transformó a uno de una o mil formas,
y abrirse paso en algo desconocido.
En ese sentido, mi
nostalgia europea no es más que la expresión de una pérdida grande. Y esa
pérdida se exacerba con las experiencias más imprevistas.
Como con la comida
en ciertos mercados gourmet…


I liked this post a lot, Thomas!
ResponderEliminar"En ese sentido, mi nostalgia europea no es más que la expresión de una pérdida grande.
Y esa pérdida se exacerba con las experiencias más imprevistas."
This was my favorite part. I understand it so well!
Thanks, my dear! I know you're also nostalgic about what we left behind. One day we'll be back!
Eliminarp.s. I was just thinking about this during my drive to work today.
ResponderEliminarYou see, we're connected!
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