Cuando llegué a la Florida, hace ya más de
un año, no esperaba que un día iba a tener que preocuparme por evitar la mordida de un caimán. Pero eso fue justamente lo que me advirtieron este domingo
a la entrada del Shark Valley, en el parque nacional de los Everglades, una
enorme explanada que se extiende por buena parte del sur del estado.
A Shark Valley fui para aprovechar el clima
templado de estos meses de fin de año y recorrer un camino para bicicletas de
15 millas o 24 kilómetros. Un plan perfecto para escaparse del laberinto de
rascacielos y autopistas que representa Miami y respirar un poco de aire
fresco.
Y, además, fui para ver caimanes. Ellos
también decidieron aprovechar el buen clima navideño y se aplanaron a lado y
lado del camino para bicicletas, mirando de reojo y sin mayor interés a los
deportistas, que habían sido advertidos del peligro potencial de estos animales
y habían firmado una dispensa asumiendo su responsabilidad ante cualquier
incidente.
Fue, para decir lo menos, el paseo en
bicicleta más inusual de mi vida.
A los Everglades ya había ido hace casi un
año, pero las condiciones en ese entonces habían sido totalmente distintas: la
idea era viajar en airboat o hidrodeslizador (vean el video arriba) y no en bicicletas elípticas, y además sólo vi un
caimán en todo el día, que estaba inalcanzable en el agua. De lejos parecía mas una roca
que un animal capaz de destrozar un ser humano con su mordida. Ese día, en otras
palabras, había más riesgos de terminar consumido por una horda de mosquitos
voraces que por ese impávido dientón.
Y aunque los dos paseos a los Everglades
resultaron muy distintos, sí tuvieron algo en común. Representan lo que más me
gusta de este estado, su ventaja comparativa frente a amores míos como Berlín o
Londres: la posibilidad de hacer actividades al aire libre durante
prácticamente todo el año.
Aclaro, eso sí, que no es que me haya
vuelto un deportista extremo, ni que pase todos mis días afuera. Mis conocidos
saben que yo siempre he preferido invertir mi tiempo libre en nutrir mi cabeza
que mis músculos. Y saben que valoro el tiempo que puedo pasar en mi
apartamento, solo, sin ruido y con la tentadora compañía de un libro. Pero eso
no quiere decir que no esté tratando de aprovechar -finalmente- lo que esta
ciudad ofrece.
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| En bicicletas elípticas |
Y, sí, me alegro cuando pienso que un 16 de
diciembre puedo estar al aire libre, en bicicleta y con poca ropa, mientras mi
querida Europa está casi a oscuras y con un frío que cala en los huesos. Por
más que a mí me encante el invierno, como escribí acá, no puedo sino apreciar
las bondades de esta tierra de sol y palmeras.
¿Será que, después de casi año y medio,
estoy sucumbiendo a los encantos tardíos de este estado, que tan lejanos e
inalcanzables me parecían cuando llegué?

Tommy que bien scribes, nunca me cansare de leer tu Jungla Polca...recibe a traves de este correo una FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO.. en compañia de tu padre Ingles.
ResponderEliminarAUGUSTO Y SABINE
Augusto, ¡gracias a ti por leer el blog! Espero que tengan también una muy feliz Navidad. Nos vemos pronto, espero. ¡Un abrazo gigante a Sabine!
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