Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

18 de diciembre de 2012

Diciembre al aire libre




Cuando llegué a la Florida, hace ya más de un año, no esperaba que un día iba a tener que preocuparme por evitar la mordida de un caimán. Pero eso fue justamente lo que me advirtieron este domingo a la entrada del Shark Valley, en el parque nacional de los Everglades, una enorme explanada que se extiende por buena parte del sur del estado.

A Shark Valley fui para aprovechar el clima templado de estos meses de fin de año y recorrer un camino para bicicletas de 15 millas o 24 kilómetros. Un plan perfecto para escaparse del laberinto de rascacielos y autopistas que representa Miami y respirar un poco de aire fresco.


Y, además, fui para ver caimanes. Ellos también decidieron aprovechar el buen clima navideño y se aplanaron a lado y lado del camino para bicicletas, mirando de reojo y sin mayor interés a los deportistas, que habían sido advertidos del peligro potencial de estos animales y habían firmado una dispensa asumiendo su responsabilidad ante cualquier incidente.

Fue, para decir lo menos, el paseo en bicicleta más inusual de mi vida.

A los Everglades ya había ido hace casi un año, pero las condiciones en ese entonces habían sido totalmente distintas: la idea era viajar en airboat o hidrodeslizador (vean el video arriba) y no en bicicletas elípticas, y además sólo vi un caimán en todo el día, que estaba inalcanzable en el agua. De lejos parecía mas una roca que un animal capaz de destrozar un ser humano con su mordida. Ese día, en otras palabras, había más riesgos de terminar consumido por una horda de mosquitos voraces que por ese impávido dientón.

Y aunque los dos paseos a los Everglades resultaron muy distintos, sí tuvieron algo en común. Representan lo que más me gusta de este estado, su ventaja comparativa frente a amores míos como Berlín o Londres: la posibilidad de hacer actividades al aire libre durante prácticamente todo el año.

Aclaro, eso sí, que no es que me haya vuelto un deportista extremo, ni que pase todos mis días afuera. Mis conocidos saben que yo siempre he preferido invertir mi tiempo libre en nutrir mi cabeza que mis músculos. Y saben que valoro el tiempo que puedo pasar en mi apartamento, solo, sin ruido y con la tentadora compañía de un libro. Pero eso no quiere decir que no esté tratando de aprovechar -finalmente- lo que esta ciudad ofrece.

En bicicletas elípticas
Es imposible no sonreír cuando pienso que a sólo 135 pasos de la entrada de mi edificio tengo el Mar Caribe. Me siento profundamente afortunado cuando sé que puedo descansar, escribir o leer en la playa o en las dos piscinas que tengo a mi alcance. No tengo ni que cruzar la calle para sentir la arena en mis pies.

Y, sí, me alegro cuando pienso que un 16 de diciembre puedo estar al aire libre, en bicicleta y con poca ropa, mientras mi querida Europa está casi a oscuras y con un frío que cala en los huesos. Por más que a mí me encante el invierno, como escribí acá, no puedo sino apreciar las bondades de esta tierra de sol y palmeras.

¿Será que, después de casi año y medio, estoy sucumbiendo a los encantos tardíos de este estado, que tan lejanos e inalcanzables me parecían cuando llegué?

2 comentarios:

  1. Tommy que bien scribes, nunca me cansare de leer tu Jungla Polca...recibe a traves de este correo una FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO.. en compañia de tu padre Ingles.
    AUGUSTO Y SABINE

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    1. Augusto, ¡gracias a ti por leer el blog! Espero que tengan también una muy feliz Navidad. Nos vemos pronto, espero. ¡Un abrazo gigante a Sabine!

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