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| Ocean Drive |
Una de mis pocas amigas en Miami, Lorena, me advirtió hace algún tiempo que dejaría de ver mi blog hasta que yo escribiera algo positivo sobre Miami. Decía Lorena -y no le falta la verdad- que todas mis notas de Miami contenían una queja: la ausencia de un sistema confiable de transporte público, la dependencia del carro, los insólitos trámites iniciales, la poca oferta de alta cultura, la falta de fútbol, mi nostalgia irremediable por Europa.
Pues le voy a dar gusto a Lorena. Lo voy a hacer no sólo para que ella vuelva a este espacio (tan necesitado de clics, el pobre), sino también porque Miami lo merece.
Desde que me deshice del carro y, en particular, desde mi regreso de Colombia hace algunas semanas, he empezado a tratar de ver esta ciudad con otros ojos. No con los ojos del turista recién llegado (
como en esta nota), ni con los ojos de quien trata de adaptarse (
como esta) ni con los ojos de quien está desesperado (
como esta).
Es la mirada de una persona que ya se adaptó a la ciudad, que ya aceptó sus aspectos negativos y ahora está tratando de correr el velo para descubrir qué se esconde detrás. En otras palabras, estoy tratando de encontrarle lo bueno a esta ciudad. Estoy intentando no pedirle más de lo que puede darme.
Hoy, para comenzar, decidí correr el velo en mi barrio, South Beach, que es sin duda uno de los aspectos más agradables de mi vida en Miami. Caminé casi 60 cuadras y anduve dos horas sin detenerme, la caminata más larga desde que llegué a este país.
Mis pies me duelen y estoy cansado, pero también estoy satisfecho, pues con cada paso logré apreciar un poco más la cercanía del mar (mi bello mar), el sentido de comunidad, el estilo art déco que empieza a gustarme, el clima maravilloso, la tranquilidad, el susurro tan diciente del viento.
Como anduve con mi cámara fotográfica -mi fiel y ya algo vieja compañera de viaje- y como esta nota se está alargando y llenando de florituras, los dejo con algunas de las imágenes que he tomado de mi barrio.
Ojalá les guste. Ojalá le guste a Lorena.
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| Tengo la fortuna de tener una vista privilegiada, pues vivo en un piso 16. |
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| Tanto me gusta mi vista que de noche no cierro las persianas. |
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| Para caminar, para admirar el mar, este paseo es un lujo. |
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Una de las grandes atracciones de donde vivo es que he recibido todo
tipo de visitas. Con cada una soy feliz. |
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| El mar, mi bello mar. |
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| En mi caminata de hoy pasé por Ocean Drive con su estilo art déco. |
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| Lo viejo y lo nuevo. Los colores fuertes. Las palmeras. |
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| Otra mirada a Ocean Drive. Al fondo está el mar. |
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Por ser una zona tan turística me topo a cada rato con personas de
muy distintas nacionalidades (algo que no pasa muy a menudo en el resto de Miami).
Como se imaginarán, me encanta que sea un ambiente internacional. |
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| La actividad de todos mis días libres: leer en la piscina o en la playa. |
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Su estilo a veces me choca, pero otras veces me causa
curiosidad. |
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Otro de mis sitios favoritos: el "mall" al aire libre en Lincoln Road.
Hoy pasé dos horas en el sol, con una cerveza y un libro. |
Qué emoción:) Me siento muy honrada y orgullosa!!!
ResponderEliminarImagino que cuando te has puesto a colgar todas esas imágenes y cuando has recorrido hoy las calles sin ese calor agobiante de verano te habrás dado cuenta de algunas de las cosas buenas que tiene esta ciudad. Para mí, este es un gran motivo para regresar a esta jungla polaca. Me ha encantado el post que creo que refleja una nueva actitud y espero que confirme que le estás dando una segunda oportunidad a la ciudad. Disfrútala. Estoy segura de que no será el último post que me haga sonreír. Besos!
No será la última sonrisa, Lore. Prometido. Y gracias por estar siempre ahí.
ResponderEliminarWAO ME GUSTA MUCHO ESA MIRADA QUE LE ESTAS DANDO A MIAMI....... MEJOR QUE LE ESTAS DANDO A TU VIDA,.............................
ResponderEliminarTE QUIERO MUCHO Y OJALA NOS PODAMOS VER PRONTO.