Hace algunos días, cuando le conté a una de mis profesoras cuál sería mi próximo destino, su respuesta fue categórica: ¿Tú, Thomas, en Estados Unidos? Ella no fue la única: todos y cada uno de mis amigos y conocidos, tanto en Colombia como en Europa, reaccionaron de la misma manera. Me conocen bien.
Pero la vida da muchas vueltas y ya llevo una semana en un lugar en el que nunca pensé que viviría. No porque tenga algo en contra de Estados Unidos, ni porque me parezca aburrido, sino porque hay decenas de lugares que me llaman mucho más la atención. Es simple: mientras el colombiano promedio sueña con pasar sus vacaciones en Miami, yo llevo años soñando con recorrer –digamos- Bosnia y Herzegovina o la república rusa de Chechenia.
He de admitir, eso sí, que la primera impresión de Miami no me ha resultado tan negativa como la imaginaba antes de llegar. Es una ciudad tan distinta a todo lo que conozco, a todos los lugares donde he vivido, que ya sé –y eso que sólo llevo una semana acá- que será una experiencia definitivamente enriquecedora. Una de tantas con las que espero llegar a mi meta de convertirme en un escritor global.
Hasta el momento me ha fascinado aprender que es la segunda ciudad más pluricultural del mundo, me siento feliz rodeado de latinos de tantos países y, además, una amiga me convenció de que es un lugar perfecto si uno quiere hacer un análisis antropológico: hay tantas personas tan particulares, tan auténticas, que uno puede quedarse años viéndolas desfilar sus estilos y sus cirugías por la calle.
Pero esa es sólo la parte amable de esta primera semana en Miami. Hay otra que me ha parecido difícil e incomprensible y es, sencillamente, la falta de transporte público. O, más bien, que a pesar de que hay buses, un metro y hasta un monorriel, toque igual en carro a todas partes. ¿Cómo puede ser posible que para montarse en un bus haya que ir en carro a comprar el tiquete porque los expendios quedan muy lejos para ir a pie? ¿O que para salir de noche de la oficina en transporte público me toque ir primero hasta el aeropuerto para tomar de allá un bus?
Y esa situación se complica cuando un recién llegado recibe indicaciones sobre todos los papeles que hay que llenar, todas las vueltas que hay que hacer para establecerse. Yo pensaba que no había países más burocráticos que Colombia o Polonia, pero entonces no sabía nada de Estados Unidos.
Sigo con mis preguntas: ¿Cómo esperan que entienda que para arrendar un apartamento minúsculo, la asociación del edificio me obligue a llenar al menos diez formularios, a entregar dos cartas de recomendación, a autorizar para que verifiquen mi pasado criminal, a dar detalles sobre TODOS mis empleadores y además me toque pagarles US$150 para que se dignen a revisar mis papeles? Y no fue muy distinto cuando pedí una tarjeta de crédito o un celular. En una empresa de teléfonos, por ejemplo, me pidieron US$500 de depósito para que me pudieran dar un plan normal de llamadas.
Cuando pienso en todas esas trabas, no logro comprender cómo hay tantas personas que tienen la meta de cumplir su sueño americano. ¿Por qué van a querer ponerse con todo este trajín? Lo que sí entiendo es por qué se quedan: como me dijo un amigo, si ya empeñaron hasta el último centavo para pagar el viaje, si ya están acá, y si ya gastaron tanto tiempo y tanta plata para conseguir todos estos papeles, no hay riesgo alguno de que se regresen pronto.
Yo, por mi parte, tomaré todo como una experiencia más. Soy feliz de seguir recorriendo el mundo y de conocer diferentes tradiciones y modos de vida, por más difíciles que sean en un comienzo. Sé que en unos años apreciaré todas estas vivencias, cuando observe todo esto en retrospectiva y cuando lea en mi blog lo que ahora escribo.
Che, impromediable, quejate, quejate, pero no me aflojés con nada, eh! Por más que te pidan hasta análisis de orina para alquilar el departamento, metele pa'delante que yo quiero alojamiento con vista el mar cuando vaya a Miami Beach. Y, sobre todo, salir a correr por ese caminito de madera... jajaja.
ResponderEliminarY el autito, ya que es tan importante... alguno lindo, no?
Un abrazo y mucha suerte con todo! Bis bald.