Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

13 de junio de 2011

El último domingo en Wroclaw


Mi último domingo en Wroclaw está por terminarse. Afuera suena una trompeta como todos los domingos a esta hora, a las nueve en punto de la noche, que supongo sirve para invitar a los fieles noctámbulos a misa. Pienso que es la última vez que escucharé ese sonido que se ha vuelto tan familiar. De pronto, sin planearlo, me invade de nuevo un desasosiego cuando me percato de que todo lo estoy haciendo por última vez: hoy fue mi última visita dominical a la residencia estudiantil, hoy tomé mi último café en ese sillón donde tantas veces me senté, hoy anduve por última vez en esa calle, ya entré por última vez a la universidad, ya tomé por última vez el bus.

La sensación no es sólo por el final de la ‘aventura polaca’; es, más bien, por el final de la razón principal que me alejó de Colombia y me llevó a Europa, es por el cierre definitivo de una etapa excepcional. Esta mañana, mientras seleccionaba lo poco que puedo llevar conmigo entre las montañas que debo dejar atrás, a medida que empacaba las primeras dos maletas hacia la incertidumbre que me espera, la sentí también con agudeza.

Y entonces, tal vez con algo de masoquismo, tal vez para comprender ese sentimiento agobiante, empecé a recordar los momentos, uno por uno, desde cuando tomé temeroso el avión Bogotá-París-Leipzig. Primero lo hice con números y calculé que desde septiembre de 2009, cuando llegué a Europa, he conocido a personas de al menos 59 nacionalidades distintas; he viajado a 20 países desde Bosnia y Herzegovina y Azerbaiyán hasta Ucrania y Kosovo; he escrito más de 20 artículos para 9 medios desde 11 de esos países y en 2 idiomas; he montado 23 veces en avión y he pasado, si mis cuentas no me fallan, 107 días con sus noches viajando, descubriendo; lo más importante: viví en dos países, en dos mundos. Y fui feliz.

Sin embargo, rápidamente entendí que los cálculos no representaban las aventuras y mucho menos calmaban mi desasosiego. Entonces reviví, al releer mis notas y mis escritos o al ver las fotos, algunas de las experiencias más memorables: volví a reír cuando mi amigo argentino casi incendia la residencia en Leipzig  y me correspondió a men  pesoegoma, lo hicieron mún mos, en vez de quitarme este peso de encima, lo hicieron añun Tal vez deba resignarme ahora con eí salir al rescate; sufrí mientras recordaba cómo mi amigo colombiano era deportado de Macedonia; me dio rabia cuando recapitulé cómo la Policía en Viena me detuvo por error porque pensaba que era un ladrón, o cómo casi me veo obligado a pagar un soborno en Kiev; me dio vergüenza cuando hice ir a mis compañeros de viaje a un hospital en Estambul porque un aviso electrónico me cayó en la cabeza; añoré el día en que alquilamos un barco de vela que navegó por el Nilo al atardecer y rechacé las noches en que dormí en una casa abandonada en Bakú y en la estación de tren de Zagreb; reviví la emoción cuando cubrí el juicio de uno de los criminales de guerra más importantes de los Balcanes, y volví a sentir el cansancio tras cruzar en Luxor el Valle de los Reyes en bicicleta.

Pero esos recuerdos, en vez de quitarme este desasosiego, hicieron su peso más evidenteen  pesoegoma, lo hicieron mún mos, en vez de quitarme este peso de encima, lo hicieron añun Tal vez deba resignarme ahora con e. Y entonces me rendí: ahora creo que lo único que debo hacer para sentirme menos agobiado es aguardar. Resignarme ante este sentimiento y simplemente esperar que el avión número 24 de mi aventura me aleje de Polonia y cierre, mientras cruza cielos europeos, la etapa que yo, por mis propios medios, todavía no me atrevo a concluir. 

5 comentarios:

  1. Beautifully written, Thomas!
    The journey doesn't stop--you're only adding more and more.
    Buziaki

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  2. Ufff... no sé por qué (ja!) pero me veo reflejado por diversos motivos en tantas de esas oraciones. Qué loco haber llegado al punto de que los recuerdos y las sensaciones puedan borronear la fronteras entre dos personas.
    Sabés que no sirvo pa' los sentimientos ni los sentimentalismos, pero, en fin. Qué dos años.
    Un abrazo grande,
    hasta pronto.

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  3. Qué dos años, Juan. Qué dos años. Espero que sean muchos más los que podamos compartir en alguna parte del mundo. ¡Hasta MUY pronto, eso seguro!

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  4. Thanks, Magda. The journey does not stop, you're right there! Keep me posted of your journey! I can't wait to hear about it!

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  5. Qué bonito Tommy.... y todavía todo lo que te falta!!!! Eso es lo más emocionante :)

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