Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

24 de junio de 2011

De vuelta a Colombia (casi)

Un almacén de barrio que se llama Donde Cris; un restaurante de pollo al carbón con una imagen similar al gallo Claudio; un típico taller, de nombre Piedrahita, con un trabajador sucio y engrasado; un apartamento del que suena, a todo volumen, un vallenato del Binomio de Oro; una compañera de trabajo que me ofrece un bubbaloo de cereza; una pancarta con la casita roja de Davivienda; una estación de metro, la mía, que se llama –para más señas– Cartagena.

No sé si ha sido por el despiste que genera la novedad, por el calor inaguantable al que no me acostumbro o por el cansancio de un viaje demoledor, pero desde hace unos días tengo la impresión, para seguir con Davivienda, de estar en el lugar equivocado. Siento como si el avión 24 de mi aventura europea, ese que me debía alejar de Polonia, me hubiera alejado también de Europa y depositado, en unas pocas horas, en un barrio cualquiera de Bogotá.

Cuando digo que llegué al lugar equivocado, no lo digo en tono despectivo. Ni me disgustaría estar en Bogotá ni estoy infeliz donde estoy. Todo lo contrario: me siento realizado de haber llegado a este país (y a este País, mis amigos periodistas me entienden). Digo equivocado porque no esperaba encontrarme con esto a mi llegada a España. Sabía que era muy diferente a Alemania y Polonia y sabía que estaba lleno de latinoamericanos, pero no me imaginaba que sus calles y sus locales fueran tan parecidos a la Bogotá que conozco. No imaginaba que me iba a sentir con un pie en Europa y otro en América Latina. Admito, eso sí, que todavía no he tenido tiempo suficiente de recorrer Madrid y conocer su gente. Lo que les cuento es, hasta ahora, la mirada inocente e ignorante de alguien que acaba de llegar y que se sorprende, con razón o sin ella, de todo lo que ve.

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