Reflexiones y andanzas de un periodista

La paradoja del periodismo –dice Ryszard Kapuściński– consiste en que la escritura nace del viaje y el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

6 de octubre de 2010

Mis dos nuevos amigos

En Wroclaw, hasta el momento, tengo dos ‘mejores amigos’. Ambos han estado desde los primeros días, con ambos hablo regularmente, y ambos han sido mis compañeros fieles en esta etapa de adaptación en Polonia. Ya entenderán por qué.

El primero se llama Viktor. Cuarentón, casado y con un pequeño hijo, este químico ucraniano es mi vecino de piso en la residencia estudiantil. Casi nunca está en el apartamento que compartimos por casualidad, es silencioso y sólo conversamos de noche, cuando él llega cansado de su laboratorio, lleno de quejas por la carga laboral. Trabaja con una universidad en Kiev, viaja una vez al año a Wroclaw para hacer experimentos y tiene una pasión que revela al final del día: el alcohol. Esta fue nuestra primera conversación, hace apenas unas noches, cuando yo ingresé al apartamento y él me recibió en la puerta:

-¿Perdón, tiene un minuto?- me dijo en su inglés cortado.

-Sí, claro. ¿Cómo puedo ayudarle?- le respondí, pensando que tenía algún problema.

-¡Maravilloso! ¡Vamos a tomar!

Acto seguido sacó seis cervezas de su cuarto, se disculpó por no tener un licor más fuerte, me sentó en la cocina y empezó a beber sorbos largos y ruidosos mientras divagaba sobre la “simbiosis” entre la química polaca y la ucraniana, sus razones para aborrecer el comunismo o su historia familiar en Kiev. Yo, el escucha, sólo atiné a tomar sorbos tímidos de mi cerveza y a interrumpir de vez en cuando con una pregunta ingenua.

Desde entonces, mi amigo Viktor, el alcohólico, tiene la costumbre de proponer la misma actividad todas las noches. Si digo que no, simplemente deja una cerveza en mi cuarto para que –según él- pueda estudiar mejor. Si le digo que sí, sonríe y empieza de nuevo su historia. La única diferencia es que ya no sólo tomamos cerveza sino también un extraño coñac ucraniano que él presenta con orgullo como una bebida “no muy venenosa”.

Mi segundo amigo trata de alejarme de Viktor. Sabe que puede ser una mala influencia y por eso está haciendo todo lo posible por ayudarme a buscar un mejor lugar para vivir. Se llama Norbert, tiene 26 años, es polaco, estudiante y sobrevive trabajando como un inefectivo –pero siempre amable- agente de finca raíz.

Mi amistad con Norbert comenzó por internet. Lo contacté por primera vez cuando yo todavía estaba en Leipzig, pues mis conocidos en Polonia me habían dicho que la residencia estudiantil era un desastre (no es ideal, pero no es tan grave) y por eso me puse en la tarea de buscar un apartamento incluso antes de llegar a mi nuevo país. Mi nuevo amigo Norbert, el amable, se ofreció a encontrar uno para mí en pocos días (una búsqueda que todavía, un mes después, continúa).

Con mi amigo inefectivo Norbert, que trata de alejarme de mi amigo alcohólico Viktor, converso casi todos los días. Me ha invitado a tomar café a la plaza central, me ha narrado cómo hace unos años emigró a Irlanda, me ha hablado de su ex novia y me ha contado sobre sus problemas con el decano de su universidad. Incluso se ofreció a servirme de intérprete polaco-inglés cuando tuve que abrir la cuenta del banco y me ayudó a llenar el formulario para la tarjeta de transporte. Mi buen amigo Norbert…

Mi buen amigo Norbert siempre tiene un apartamento para ofrecerme y siempre, a última hora, me llama a disculparse porque alguien lo arrendó antes de nuestra visita. Y la única vez que sí me llevó a ver una propiedad nunca llegamos a ella. No la encontramos. Me montó en un bus equivocado y, después de casi dos horas de viaje, terminamos en una remota esquina de Wroclaw, lejos de la civilización. Y eso que le había pedido que me consiguiera un apartamento en el centro.

Debo admitir que no tengo afán para mudarme, aunque sé que con tesis a bordo –que debo escribir en los próximos meses- es la mejor decisión. Después de todo, hay una gran diferencia entre tener un apartamento ‘propio’ y tener un cuarto en una ruidosa residencia estudiantil de diecisiete pisos, donde los estudiantes borrachos activan la alarma de emergencia a las cuatro de la mañana y obligan a evacuar a todo el edificio. Digo que no tengo afán porque mientras siga acá, en mi habitación, tendré cerca a mi amigo alcohólico Viktor, con su coñac venenoso y sus experimentos químicos, y tendré cerca a mi amigo inefectivo Norbert, que buscará y buscará y buscará propiedades sin encontrar nada interesante.

3 comentarios:

  1. Qué nivel! Me encantó esta entrada... mi favorita hasta el momento sin dudas (y no creas que lo digo porque intento disimular mis celos de que Viktor me serrucha el piso...).

    ResponderEliminar
  2. Yeah, about Norbert, just tell him something like 15 minutes walking distance from rynek, and then you'll get something in the center
    Okay next time I'll try to comment in Spanish, I need to practice!

    ResponderEliminar
  3. Están como para personajes de una novela... que interesante!
    Gracias, como siempre, por escribir querido Thomas.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar un comentario en mi blog.