Hoy puedo decir sin
temor a equivocarme que no conozco ningún aeropuerto del mundo tanto como el de
Miami. No solo porque de acá han salido todos los vuelos que he hecho desde que
llegué a esta ciudad, en septiembre de 2011, sino también porque, a falta de
carro, tuve que pasar cada día por el aeropuerto para tomar el bus que me
llevaba a la oficina en un peregrinaje que podía durar horas.
En estos momentos
estoy precisamente ahí, en ese lugar que tanto conozco y, sin embargo, hay una
gran diferencia entre mi recorrido actual y todos los viajes anteriores: este
no tiene regreso. Es la última vez que pasaré por este aeropuerto como
residente de Miami. Y no puedo ocultar la felicidad: estoy a punto de dejar
esta punta de Estados Unidos que a la fuerza me enseñó mucho, pero donde nunca
logré sentirme totalmente a gusto.
Les confieso, eso
sí, que tengo ansiedad, tengo miedo. En pocos minutos viajaré a Washington,
donde me espera el reto profesional inmenso de convertirme en corresponsal de
la BBC, uno de los medios de comunicación más grandes e importantes del mundo.
A partir de mañana, lunes 15 de julio de 2013, estaré encargado de cubrir la
vida política, cultural y económica de la capital estadounidense para el portal
de la BBC en español.
La idea me encanta:
tendré que empaparme de lo que pasa en el Congreso, la Casa Blanca, la sede
central de la NASA, el Pentágono y los museos Smithsonian. Hablaré con académicos, con
políticos, con científicos, con personas comunes y corrientes. Podré escribir a
mis anchas, proponer historias, visitar lugares nuevos. Y tendré acceso, como sólo
contadas personas lo han tenido, a los entretelones del poder de la principal
potencia del mundo.
Por supuesto, viviré
muchas más experiencias y tendré muchas más historias de las que podré publicar
en la BBC. Estoy seguro de que mi vida personal en Washington generará
incontables anécdotas y sé que habrá detalles curiosos de mis investigaciones y
mis viajes que sin duda querré guardar para la posteridad, tal como lo hice con
mi vida en Alemania y en Polonia.
Con eso en mente
decidí ayer seguir el consejo de mi amiga Ángela Posada Swafford, una
importante periodista científica colombiana, quien me recomendó durante un
almuerzo en Coral Gables escribir todas esas historias cotidianas que experimentaré como
corresponsal en Washington. Ella sugirió guardarlas en un cuaderno, simplemente
anotarlas para no olvidarlas, pero yo usaré una plataforma que conozco mejor:
mi Jungla Polaca.
Este blog, que ha
estado dormido desde comienzos del año por un tema que ya les contaré en su
momento, ha servido para darles vida a las más variadas historias: desde mis
viajes por Europa del Este a las dificultades de la vida en Miami, pasando por mis
impresiones sobre temas tan cotidianos como el invierno polaco o los trenes del
Viejo Continente. A partir de ahora, también, lo usaré para contar los detalles
de mi nuevo destino. Por favor, como antes, siéntanse parte de este proyecto.
_____________________________
Actualización: El post lo escribí cuando estaba sentado en el aeropuerto de Miami, sin saber lo que enfrentaría en las horas siguientes: cuando el vuelo estaba por despegar, el piloto halló una falla mecánica en el motor derecho y devolvió el avión a la puerta de embarque (algo similar ya me había pasado en un vuelo a Chicago). Más de tres horas después, ya en otra aeronave y en medio de una fuerte neblina, despegamos finalmente para Washington. Parecía como si Miami no quisiera despegarse de mí.
es ud el que no quiere despegarse de miami jajaja. DC sera otra cosa eso si, seguro que si!
ResponderEliminar